El extraño caso de la portería inglesa

Publicado el 14 junio 2010
Archivado en Alberto C. Molina | Salir del comentario

La selección de Inglaterra vuelve a ser noticia, y una vez más gracias a un guardameta. En esta ocasión no hablamos de Benjamin Button, que nadie se confunda, sino de Robert Green. El futbolista del West Ham United le costó a su selección perder dos puntos ante Estados Unidos en el primer partido de ambos equipos en Sudáfrica. No pudo blocar el disparo lejano, y a priori fácil de detener, que a la postre sería el del 1-1 con el que concluyó el encuentro. Teniendo en cuenta las críticas que ha recibido el balón oficial del Mundial, el famoso Jabulani, por los “extraños” que hace, tampoco sería justo echarle todas las culpas a Green —cosa que ni han tardado ni han dudado en hacer los medios de su país—. Además, no hay que olvidar que su caso no deja de ser el último de una larga lista.

Desde que tengo uso de razón, no recuerdo a un guardameta de garantías en la selección de Inglaterra. El primero, el mítico dorsal 1 del Arsenal, el hombre del bigote y de la coleta que podría haber doblado alguna escena de acción de Steven Seagal, David Seaman. No sé si era malo, bueno, o el menos malo entre los porteros de la época en la Premier League, pero lo cierto es que de vez en cuando Seaman nos obsequiaba con alguna cantada interesante, como la falta que le coló un jovencísimo Ronaldinho en el Mundial de 2002.

Tras el “bueno” de Seaman, se sucedieron los porteros, pero ninguno ha sido capaz de hacerse un fijo en el combinado nacional. Así hemos presenciado momentos memorables como el gol en propia puerta que recibió Paul Robinson ante Croacia en la fase de clasificación para la Eurocopa de 2008, o las múltiples pifias por las que es conocido David “Calamity” James, otro de los actuales inquilinos de la portería inglesa. Tan mal ha pintado el asunto, que durante la clasificación para el Mundial de Sudáfrica se rumoreó con la posibilidad de nacionalizar a Manuel Almunia, el heredero —en todos los sentidos, cantadas incluidas— de Seaman en Londres. ¿Hasta cuándo habrá que esperar para que Inglaterra cuente con un portero de garantías? ¿Cuándo volveremos a hablar de uno de sus guardamentas por estos desafortunados motivos? Sólo el tiempo lo dirá.

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