Regreso al futuro de Childress

Publicado el 15 noviembre 2010
Archivado en Alberto C. Molina, General | Salir del comentario

Josh Childress promedió 11.8 puntos, 4.9 rebotes y 1.5 asistencias con los Hawks al término de la temporada 2007/2008. También hubo tiempo para Playoffs. Fue su cuarto año en la mejor liga del mundo desde que fuera drafteado por los de Atlanta en sexto lugar en 2004. En total hizo una media de 11.1 puntos y 5.6 rebotes por partido. Casi siempre saliendo desde el banquillo. Números, unos y otros, que no pasaron desapercibidos para los mandamases de un histórico del Viejo Continente.

El Olympiakos griego tentó al jugador con algo más de 12 millones de euros, un contrato de 4.2 millones anuales. A cambio de cercenar durante tres años su progresión en la NBA, se convertiría en el segundo jugador mejor pagado en Europa (por detrás de los cinco millones de Carlos Delfino en el Khimki ruso). Al término de cada temporada podría replantearse volver a casa. Aguantó dos.

Childress firmó una pimera campaña muy discreta. En la Liga griega promedió 13.5 puntos, 3.8 rebotes, 0.8 asistencias y un 74.7% de acierto en lanzamientos, mientras que en Euroliga se quedó en 8.8 puntos, 4.6 rebotes, 1.1 asistencias y 63.6%. Las cosas no le salieron mucho mejor en la segunda, pero al menos logró maquillar las estadísticas. En la Euroliga 2009/2010 promedió 15.2 puntos, 4.8 rebotes, 1.9 asistencias y 64.7% de acierto, mientras que en la competición casera llegó hasta los 15.3 puntos, 5.3 rebotes, 1.4 asistencias y 69.7%.

Más allá de los datos, el recuerdo que dejó sobre las canchas europeas fue el de un vuelo sin motor por cuarto. Ni siquiera convenció en la que posiblemente fue su mejor actuación con el club ateniense: Regal FC Barcelona 86 – Olympiakos 68, Final Four de 2010. En poco más de 33 minutos logró 15 puntos, 2/7 en tiros de dos, 3/5 en triples, y 2/3 en tiros libres, 6 rebotes y 2 asistencias para un total de 15 de valoración.  Y si no fue el mejor del partido fue porque entre los rivales jugó un tal Navarro.

La final del pabellón Paris-Bercy fue un punto de inflexión, de no retorno. Abandonó la NBA a golpe de talonario, a bombo y platillo, y regresó sin hacer ruido, con más pena que gloria. Fue pisar suelo estadounidense y mandarlo Atlanta a Phoenix, una plantilla en reconstrucción. Durante la pretemporada sufrió una lesión en el dedo índice frente a Golden State. Parecía que se iba a perder el inicio de la fase regular, pero llegó a tiempo. En nueve partidos ha jugado cerca de 19 minutos de media para 5.4 puntos y 3.8 rebotes por partido. La temporada no ha hecho sino comenzar, sus números en Phoenix están lejos de los que firmaba en Atlanta antes de poner rumbo al Pireo dos años atrás. Quizás no debió subirse a ese barco.

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